
Los veranos de mi infancia transcurrieron en la casa de la playa de mis abuelos, el Caletón del Golfo. Unos veranos largos y felices al borde del mar con olor a salitre.
Entre esas paredes me impregné del buen gusto por los detalles de mi abuela Andreíta. Una perfecta anfitriona con un gusto exquisito y una preciosa sonrisa en sus labios.
La pasión por los detalles y por retener entre mis dedos la felicidad de aquellos días ha sido la motivación para poner en marcha La Casa de La Playa. Un rincón de mi tiempo dedicado a crear cosas bonitas que nos trasladen a nuestros veranos de la infancia.
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